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Misión Cumplida
Por Fred Durso, Jr.
Andrew McGuire, “el padre de los cigarrillos seguros”, habla sobre el cierre de la altamente exitosa campaña de la NFPA— y sobre continuar la lucha en Europa y China En marzo, el Gobernador de Wyoming Dave Freudenthal aprobó una ley que requiere que todos los cigarrillos vendidos en el estado, cumplan con las normas de seguridad contra incendios desde julio de 2011. La firma de Freudenthal convirtió a Wyoming en el estado número 50 que aprueba una ley enfocada en reducir el número de incendios por cigarrillo y la mortalidad por incendio, que era el objetivo de la Coalición para Cigarrillos Seguros de la NFPA, cuando fue lanzado en el año 2006. Dicho esfuerzo ha dado por resultado leyes para cigarrillos seguros que se harán efectivas en 43 estados; para el próximo julio, tales leyes estarán funcionando en cada estado del país. Andrew McGuire ha sido un participante clave en los esfuerzos de la Coalición y ha fomentado el uso de los cigarrillos seguros durante décadas. McGuire, de 64 años, cofundador de la Fundación del Trauma en el Hospital General de San Francisco en 1981, ha ayudado a liderar campañas patrocinadoras de la tecnología para cigarrillos seguros y muchas otras iniciativas de seguridad pública desde los años 70, incluidas las leyes que promueven los cinturones de seguridad y los cascos para motociclistas, la producción de pijamas para niños resistentes a las llamas, y la prohibición vinculada a las armas de fuego. Convencer a los estados de los beneficios a largo plazo para la seguridad humana que proporciona la tecnología de los cigarrillos auto-extinguibles ha sido una ardua y difícil tarea, dice McGuire, pero valió la pena. McGuire habló recientemente con el NFPA Journal sobre la campaña para cigarrillos seguros, sus logros profesionales, y proyectos futuros. ¿Alguna vez en su vida pensó que vería leyes de cigarrillos seguros adoptarse a nivel nacional? Cuando comencé, mucha gente me decía, “Estás loco. Jamás sucederá.” Para hacer este tipo de trabajo, se necesita una cierta dosis de locura y optimismo. Es necesario aprender que cuando nos topamos con un muro, es necesario rodearlo y lidiar con él. Al principio, la gente solía preguntarme cuánto tiempo creía yo que llevaría. A fines de la década del 70 y a principios de la década del 80, yo decía que probablemente tomaría unos 10 años. A medida que me acercaba a esa marca, decía que tomaría otros 10 años. [Ríe] ¿Alguna vez perdió la esperanza? ¿Qué lo mantuvo en el juego? Había victorias importantes en el camino, como la ley de investigaciones sobre cigarrillos seguros, promulgada por el Congreso en 1984. Ese fue el primer esfuerzo en la historia de los Estados Unidos, cuando se aprobó legislación que la industria del tabaco no quería. Usted ha sufrido un incendio en carne propia: tuvo quemaduras a los 7 años de edad. ¿Qué sucedió? Fue el día de mi cumpleaños en 1952. Entré a la cocina y me paré cerca del horno. La puerta del horno no abría hacia abajo, sino hacia los lados, como la puerta de una casa. Di unos pasos hacia atrás para calentarme porque era invierno, y el ruedo de mi bata de algodón quedó a la altura de la llama del horno, y encendió la parte posterior de mi bata. Me asusté tanto que corrí hacia la sala. Mi padre salió corriendo del dormitorio y apagó el fuego. Terminé internado en el hospital en cuatro oportunidades diferentes, todas debido a los injertos de piel que necesité, la mayoría en las piernas. Usted vivía en Boston a principios de la década del 70, y sus planes eran aprender a fabricar clavicordios. ¿Cómo pasó de allí a la creación de la Fundación del Trauma? ¿El incidente de su niñez, tuvo algo que ver con esto? Nunca planeé desempeñarme en este ámbito. Mi esposa leyó el Boston Globe una mañana. Había un artículo sobre una niña internada en la unidad de quemados en el Shriners Burn Institute en Boston, que tenía puestos sus pijamas cuando sufrió la quemadura. El artículo primero hablaba sobre cómo se había quemado la niña, y luego sobre cómo su madre había comenzado a hablar con otras madres en el Shriners y encontró que había otros niños quemados usando pijamas. Comenzaron a investigar y descubrieron que este tipo de lesiones habían sido eliminadas del Reino Unido debido a que el gobierno había aprobado leyes sobre pijamas para niños resistentes a las llamas. Así fue que decidieron formar una organización sin fines de lucro para abogar por estos pijamas y fomentar su uso. Luego me convertí en director ejecutivo de esa organización, conocida como Action Against Burns (Acción contra Quemaduras). Mi esposa y yo habíamos tenido a nuestra hija en 1974; volvimos al área de la bahía de San Francisco y comenzamos una organización similar allí. Así llegué al Hospital General de San Francisco. El nombre original de a Fundación del Trauma fue Burn Council (Consejo del Quemado). ¿Fue esto en la época en la que fue el representante de una campaña de base para cigarrillos seguros? Asistí a una conferencia de educación pública de la Administración Nacional contra Incendios en 1976. Estaba de pie cerca de un ascensor, y escuchaba la conversación que tres hombres mantenían entre ellos. Uno de ellos dijo, “Podríamos hacer desaparecer a toda esta conferencia si sólo hiciéramos cigarrillos a prueba de incendios.” Ingresé al ascensor y comencé a hablar con este hombre, cuyo nombre era John Gerard, inspector de incendios del Departamento de Bomberos de Los Ángeles y futuro titular de la ofician de la NFPA en Washington, D.C. Él fue quien me dio la idea. ¿Parecía en ese entonces algo que pudiera en efecto, hacerse realidad? En 1979, descubrí que era muy probable que las compañías tabacaleras supieran cómo fabricar cigarrillos auto-extinguibles que evitaran muertes y lesiones por fuego y descubrí que era probable que hubieran estado reteniendo esa información. Luego de establecer conexiones en el Centro de Periodismo Investigativo, conseguí financiamiento para la investigación en el Centro a través de la Asociación Internacional de Bomberos. El artículo estuvo listo y contó con una edición preliminar el 24 de mayo de 1979, y organicé 14 conferencias de prensa para que llevaran a cabo en todo el país simultáneamente. En ese evento, le pedimos a la industria tabacalera que fabricara voluntariamente los cigarrillos auto extinguibles, sino de lo contrario, haríamos presión para lograr la sanción de una ley que lo hiciera realidad. Dos grupos —la Asociación Estadounidense del Quemado y la Asociación Internacional de Jefes de Bomberos—se sumaron a la campaña. ¿Cuál fue la reacción? Tuvimos mucha cobertura de parte de la prensa. Una semana después de la conferencia, hubo un incendio en Westwood, Massachusetts, causado por cigarrillos donde perdieron la vida 6 personas. En una semana, el diputado Joe Moakley de Massachusetts, convocó a una conferencia de prensa anunciando que presentaría un proyecto de ley en el Congreso exigiendo a las compañías tabacaleras la fabricación de cigarrillos seguros. El siguiente enero, el Senador Alan Cranston de California, envió el mismo proyecto al Senado. El objetivo era ejercer presión para que el Congreso sancionara la ley, pero no teníamos oportunidad de ganar en ese nivel; la industria tabacalera era demasiado poderosa en esa época. La campaña terminó por defecto, en el siguiente nivel de actividad—en otras palabras, el camino por donde había menos resistencia era la legislatura estatal. ¿Cómo planeaba apelar ante estos legisladores? Juntando grupos de presión y coaliciones locales de nivel estatal con la comunidad de protección contra incendios, víctimas de incendios y familiares de víctimas de incendios, todos juntos podíamos ejercer presión en esta campaña. En el nivel estatal, era difícil obtener nada que no favoreciera a las compañías tabacaleras en esa época, pero cobramos impulso en Nueva York y California. El Senador por New York Pete Grannis apoyaba este proyecto y consiguió apoyo suficiente. De repente, todo comenzó a cambiar. La industria tabacalera comenzó a preocuparse. Volé hasta Albany cuando el proyecto fue enviado al Senado. Conseguí la audiencia, testifiqué, y un colaborador de Grannis se me acercó y me dijo, “Acabamos de recibir una llamada urgente de la oficina del diputado Moakley. Parece que la industria tabacalera quiere llegar a un arreglo a nivel federal.” Lo que las tabacaleras querían, era un estudio sobre la viabilidad económica y tecnológica de fabricar un cigarrillo a prueba de incendios. Yo no tenía problemas en encargarme de eso, ya que sería bueno contar con que se hiciera esa investigación, y si eso arrojaba con una respuesta positiva, incluso no llegando más lejos a nivel federal, contábamos con el estudio ordenado a nivel federal que podíamos usar a nivel estatal. El proyecto original de Moakley de 1984 fue enmendado y modificado para convertirse en un proyecto de estudio de tres años. A cambio, acordé con los representantes de la industria tabacalera que suspendería la presión a nivel estatal y suspendería las coaliciones. ¿Cuál fue su rol en este estudio? En realidad yo ayudé a elaborar el proyecto, que creaba un comité de supervisión de 15 personas o un grupo técnico de investigación. Durante tres años, nos reunimos en Washington una vez al mes, y evaluábamos los parámetros de la investigación. Presentamos al Congreso un informe de nueve volúmenes en Diciembre de 1987. La oración final del resumen ejecutivo establecía, “El grupo de investigación técnica entiende que es técnica y económicamente viable la fabricación de un cigarrillo con reducida propensión a la ignición.” Luego elevamos otro proyecto de ley al Congreso para crear una norma de desempeño. [En 1990, el Presidente George Bush firmó la Ley de Cigarrillos Seguros impulsada por Moakley, asignando fondos a un programa de investigación de tres años con el fin de desarrollar un método de prueba para una norma de desempeño de seguridad contra incendios vinculada a los cigarrillos. En 1993, el grupo de consultoría técnica informó que tenía desarrollado un método de prueba.] En marzo de 1994, participé del programa 60 Minutos. La historia desencadenó una cantidad de eventos, pero el resultado clave fue que recibí un llamado telefónico de Jeff Wigand [informante y vice-presidente anterior de investigación y desarrollo de la tabacalera Brown & Williamson] que me dijo, “Usted no me conoce, pero yo sí lo he visto varias veces. Yo solía sentarme entre la audiencia en aquellas reuniones del comité técnico. Yo trabajaba en Brown & Williamson hasta que me despidieron. Quiero dar a conocer todo lo que sé. ” De repente, contábamos con una persona haciendo miles de declaraciones públicas en audiencias legislativas, y diciendo que era muy fácil fabricar un cigarrillo auto extinguible. Ya no sólo teníamos al gobierno diciendo que era posible, sino que teníamos al anterior titular de Investigación y Desarrollo de la tercera compañía tabacalera del mundo de esa época—sin contar a China—diciendo que era posible. Esto hizo que el proyecto se convirtiera en ley para la ciudad de Nueva York en el año 2000. Nueva York fue el primer estado que lo hizo. ¿Cuál fue su reacción? Antes que se aprobara el proyecto, Philip Morris anunció que estaban probado en el mercado un cigarrillo seguro—antes de que existiera ninguna reglamentación gubernamental. Esto tuvo un enorme impacto en el sentido que ahora el producto estaba en el mercado. La ley de Nueva York entró en vigencia en junio de 2004. Yo también estaba llevando a cabo esta campaña en Canadá al mismo tiempo; exactamente la misma norma entró en vigencia ese octubre. ¿Cómo fue que los primeros esfuerzos ayudaron a la causa? Las enfermeras y médicos de quemados me llamaban —antes de que existiera Internet—cuando había un incendio en sus distritos o alguien lesionado o muerto por un incendio llegaba al centro del quemado. Yo enviaba un comunicado de prensa, indicando los hechos del evento local, y hacíamos que el jefe de bomberos o el cirujano del centro del quemado, se convirtieran en los voceros principales al frente de la campaña. Teníamos a todos estos líderes al frente de una campaña nacional de cigarrillos seguros. La parte mediática de toda esta campaña se hizo sin dinero. ¿Cómo se conectó con la Coalición de Cigarrillos Seguros de la NFPA? NFPA se involucró la campaña cuando estábamos trabajando en el proyecto de California. Poco tiempo después, me contrataron como consultor. ¿Cómo calificaría la efectividad de la coalición? Colapsaba la cantidad de tiempo que tomaba extender esto a nivel nacional y más allá de nuestra frontera. Podría haber tomado una década en lugar de cuatro años. Yo jamás había tenido la clase de recursos con los que cuenta la NFPA. En todos esos años, jamás fui capaz de conseguir una beca de ninguna fundación para que hiciera este tipo de trabajo, porque era todo política. ¿Cuál fue su participación en la reciente aprobación en Wyoming? Testifiqué en la última audiencia, en la última Cámara, en el último estado. Fue una linda sensación, el cierre de un capítulo. Pensé que había escuchado por primera vez hablar de los cigarrillos seguros en la conferencia de 1976, y que ya habían pasado 34 años desde esa oportunidad. ¿Ha llevado su lucha a un nivel global? He estado trabajando con la Unión Europea y con la mayoría de las organizaciones anti-tabaco de los países de la Unión Europea. Realmente debemos llegar con este tema a Latinoamérica, y esperamos que China se sume en los próximos cinco años. Creo que en el término de una década, probablemente la veremos como una norma internacional. ¿En qué otras cosas está trabajando? El noventa y ocho por ciento de mi trabajo está vinculado a llevar adelante otra campaña en California con el objeto de suministrar un seguro de salud universal y accesible para todos los residentes. La legislatura de California aprobó la el proyecto en dos ocasiones, pero fue vetado por el Gobernador Schwarzenegger. Lo vamos a lograr, y si la gente me pregunta cuánto tiempo llevará, diré que tomará 10 años. Entrevista a cargo del columnista Fred Durso, Jr.
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